martes, 19 de junio de 2012

Biocarbón como sumidero de CO2


El biocarbón, según explica la UPO en una nota, es una especie de carbón que se obtiene tras la descomposición de residuos orgánicos, tales como restos de poda o de cosecha, a través de la pirólisis.

   Científicos del Área de Ecología de la Universidad Pablo de Olavide, dirigidos por Antonio Gallardo, participan en un estudio que evalúa la viabilidad del biocarbón como sumidero de CO2 y su efecto como aditivo agrícola. Bajo el título Biocar, esta iniciativa público-privada liderada por la empresa sevillana Zeroemissions Techologies tiene como objetivo aprovechar las cualidades de este producto para sacar rendimiento a los residuos agrícolas, a la vez que se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero y se mejora la producción de los cultivos.

   El biocarbón, según explica la UPO en una nota, es una especie de carbón que se obtiene tras la descomposición de residuos orgánicos, tales como restos de poda o de cosecha, a través de la pirólisis. Este proceso, destinado a producir bioenergía como el gas de síntesis, consiste en someter los residuos a altas temperaturas en unas condiciones de baja concentración de oxígeno.      El resultado es un material que almacena en torno a la mitad del CO2 de la materia orgánica descompuesta, utilizado por las plantas en sus periodos de crecimiento, reduciendo con ello la emisión a la atmósfera de buena parte de este gas.

    Además de almacenar el dióxido de carbono, el biocarbón parece presentar otros beneficios para el entorno. Existen indicios que apuntan a que su incorporación al suelo podría mejorar las propiedades del mismo, favoreciendo la retención de humedad, el aumento de la vida microbiana y, con ello, la producción agrícola. Precisamente en estas dos líneas de conocimiento va el proyecto Biocar, financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad y en el que también participa la Universidad de Córdoba.
   
   Dentro de este proyecto, los científicos de la Universidad Pablo de Olavide están centrados en el estudio del tiempo de degradación de los diferentes tipos de biocarbón desarrollados en el suelo, así como su influencia en la disponibilidad de algunos nutrientes para las plantas y la biomasa microbiana. Todo ello para confirmar la hipótesis de que el uso de este material degradado puede emplearse no sólo para almacenar dióxido de carbono sino también para mejorar la producción agrícola, reduciendo con ello el uso de fertilizantes.

   Para medir la disponibilidad real de los nutrientes en el suelo, los expertos de la Olavide utilizan unos "simuladores de raíces" (root simulators). Se trata de un novedoso sistema diseñado por estos científicos y elaborado a partir de resinas aniónicas y catiónicas. El resultado se introduce en el suelo con un impacto mínimo y, una vez extraídas las raíces, sirven para cuantificar los nutrientes esenciales que están disponibles para la planta, tales como el amonio, el nitrato o el fósforo. Un uso con utilidad fuera también del laboratorio, que ofrece a los agricultores calcular la necesidad de fertilización de un cultivo, optimizando su uso y planificando su aplicación temporal.


Fuente: ecoticias.com
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